jueves, 20 de abril de 2017

Cuando todo se derrumba



¿Alguna vez has sentido como tu mundo se derrumba y piensas en cómo es posible que por un pequeño tropiezo te estés sientiendo de esta manera? Si tu respuesta es si, dejame decirte que no eres, fuiste o serás el único que alguna vez ha tenido ese cuestionamiento. Todos en algún momento de nuestras vidas hemos sentido como alguno de los pilares que soportan nuestra vida se viene al suelo (Trabajo, familia, amor, etc.), solamente hace falta que uno de estos elementos tan importantes fallé para sentir que los otros que aún se mantienen en pie no serán capaces de soportar el peso.

La sociedad actual nos ha enseñado que el que demuestra mucho pierde y por ende nos sumergimos en nuestro dolor, desdicha e inclusive desesperanza que trae la desilusión de no tener aquello tan anhelado o lo que algún día se tuvo y hoy ya no está. El dolor ha sido considerado un tabú un tanto sexista, recuerdo que cuando tenía alrededor de 7 años mi papá decidió comprarle a mi hermana mayor una bicicleta nueva, era color rosa, tenía una canasta adelante y unos listones a los costados de los manubrios, de hecho una de las cosas más emblematicas de esta bicicleta eran las ruedas de aprendizaje, estas tenian una barbie en la cara frontal. Un día quise aprender a montar bicicleta y tomé prestada la bicicleta de mi hermana asumiendo que eso sería subirme, pedalear y que por algun evento mágico de la vida esta comenzaría andar y...voilà aprendí a montar en bici, ese fue el primer error que cometí ese día, el segundo error fue hacerlo colina abajo, el desenlace de la historia no requiere muchos detalles; una rodilla, los codos y algunas costillas fueron las paganas de las malas decisiones de ese día. Mi papá salió de la casa con cara de angustia al escuchar mi llanto, pero al analizar con mentalidad de adulto mis pesimas decisiones, me dijo: "No llore, las que lloran son las niñas", eso fue un tanto sarcastico teniendo en cuenta que la causante de mi desdicha ese día había sido una bicicleta rosada. Desde que somos niños nos programan a que si eres hombre debes ser fuerte y no expresar tus emociones porque te puedes ver como una niña (como si esto fuera una humillación). Si eres mujer y no lloras, eres una insensible. No es necesario decir todo lo que pensamos, pero si es necesario sacar todo lo que sentimos.

No te puedo decir como puedes salir de esta situación pronto, pero si te puedo decir que te des el lujo de sentirte como te venga en gana; llora, extraña, grita, haz todo lo que quieras pero vivela tan intensamente que solamente sea un desahogo y permita que todo aquello que te duele salga de ti, para que todo aquello negativo, se convierta en algo positivo, te fortalezca y te haga un mejor ser humano.

Cada decisión que tomamos tiene consecuencias positivas o negativas, en ocasiones somos conscientes de estas y en otras muchas no lo somos. Años después de mi golpe en aquella bicicleta entendí que para lograr superar el reto de montar bicicleta, me iba a golpear muchas veces y ante ello no dejé de subirme y caerme una y otra vez, cada vez caia con más estilo y menos dolor. La vida es como aquella bicicleta color rosa; tienes caer una y mil veces, pero en cada caida aprendes un poco más y con cada golpe te haces más sabio.